Esta semana JetSMART confirmó una inversión de más de 550 millones de dólares en Argentina para llegar a 23 aviones durante el verano, más de la mitad de la flota del grupo, y LATAM informó que superó los 7 millones de pasajeros transportados en mayo. Las dos noticias llegan pocos días después de que IATA, reunida en Río de Janeiro, advirtiera que el beneficio de las aerolíneas caerá cerca de la mitad en 2026 por el alza del combustible. El contraste vale la pena mirarlo de cerca.
La apuesta de JetSMART tiene números detrás. La aerolínea anunció que cubrirá la caída del 13% en la oferta de asientos domésticos con un crecimiento del 40% para el verano, sumará cinco rutas nuevas desde Buenos Aires y creará 300 empleos, sobre los 750 millones de dólares que ya lleva invertidos en el país desde 2018. Es capital regional apostando por conectividad regional, en uno de los mercados más golpeados de la última década.
Para quienes trabajamos en la aviación latinoamericana, la señal es nítida: el crecimiento del Cono Sur lo empujan jugadores de la región y un modelo ultra bajo costo que estimula mercado donde otros recortan. Ese impulso, sin embargo, tiene un techo si las reglas no acompañan. El proceso de cielos abiertos del Mercosur, que Brasil puso sobre la mesa hace pocas semanas, es la pieza que falta para que esta inversión se traduzca en una red verdaderamente integrada.
La demanda existe, el capital está dispuesto y las aerolíneas tienen la voluntad de crecer. Lo que viene a continuación depende de que los reguladores se muevan a la misma velocidad que el mercado. Si lo hacen, el mapa de la conectividad sudamericana de los próximos años se va a escribir desde adentro.