“Citius, Altius, Fortius”. Más rápido, más alto, más fuerte. El histórico lema olímpico podría haber sido también escrito para la aviación. Pocas actividades humanas representan tan bien esa permanente voluntad de superar límites. Desde que logramos despegar del suelo hace poco más de un siglo, hemos querido volar más rápido, llegar más alto y construir una industria cada vez más fuerte, segura y capaz.
Citius, más rápido. La velocidad acompañó a la aviación prácticamente desde sus comienzos. En pocas décadas pasamos de vuelos de algunos minutos a cruzar océanos y continentes en cuestión de horas. Incluso llegamos a transportar pasajeros a más de dos veces la velocidad del sonido con el Concorde. Después, durante muchos años, la industria privilegió otras prioridades: eficiencia, autonomía, capacidad y economía. Pero la búsqueda de velocidad nunca desapareció. Hoy vuelven los proyectos supersónicos y aparecen nuevas tecnologías que nos hacen pensar que quizás estamos próximos a reducir nuevamente las distancias del planeta.
Altius, más alto. También hemos querido llegar cada vez más lejos y superar nuevas fronteras. Pero “más alto” no debería significar solamente altitud. Para nuestra industria significa también elevar permanentemente nuestros estándares: más seguridad, mejor tecnología, mayor eficiencia, mejor capacitación y operaciones cada vez más precisas. En aviación, lo extraordinario de ayer rápidamente se convierte en el estándar de mañana. Esa inconformidad permanente ha sido uno de los grandes motores de nuestro desarrollo.
Y luego está Fortius, más fuerte. La aviación ha demostrado una extraordinaria capacidad de resistencia. Ha enfrentado guerras, crisis económicas, terrorismo, pandemias, interrupciones de las cadenas de suministro y profundas transformaciones tecnológicas. Una y otra vez ha sabido adaptarse y volver a despegar. Pero ser más fuertes en el futuro exigirá algo diferente: una industria más sostenible, digitalizada, eficiente y preparada para desafíos que probablemente todavía no podemos anticipar.
Hay, además, una cuarta palabra que resulta especialmente apropiada para nuestro tiempo. En 2021, el movimiento olímpico incorporó Communiter: juntos. El lema pasó a ser Citius, Altius, Fortius – Communiter: más rápido, más alto, más fuerte — juntos.
Y pocas industrias entienden mejor el significado de esa última palabra. Ningún avión despega por el esfuerzo de una sola persona. Cada vuelo es el resultado de una enorme coordinación entre pilotos, tripulantes, mecánicos, controladores, aeropuertos, handlers, agentes de carga, fabricantes, autoridades, ingenieros, sistemas tecnológicos y miles de profesionales que trabajan muchas veces sin que el pasajero siquiera los vea.
Hoy estamos frente a una nueva etapa. Inteligencia artificial, automatización, combustibles sostenibles, nuevas generaciones de aeronaves, movilidad aérea avanzada, el regreso de los vuelos supersónicos y una frontera cada vez más cercana entre la aviación y el espacio nos recuerdan que esta industria nunca permanece quieta.
Quizás por eso aquellas palabras siguen teniendo tanta fuerza para quienes vivimos la aviación: Citius, porque siempre podremos ir más rápido. Altius, porque siempre habrá una nueva altura que alcanzar. Fortius, porque cada desafío debe hacernos más fuertes. Y Communiter, porque ninguno de esos avances será posible si no somos capaces de conseguirlos juntos.
La historia de la aviación ha sido, finalmente, la historia de seres humanos que se negaron a aceptar que el cielo era el límite. Y mientras mantengamos esa inquietud por ir más rápido, más alto y más fuerte, siempre habrá una nueva frontera esperando ser conquistada.