Editorial

ALERTA: NO PODEMOS SER INDIFERENTES 

13 de October de 2026
Patricio Sepúlveda
Patricio Sepúlveda
CEO · FlyLinkers
ALERTA: NO PODEMOS SER INDIFERENTES 

Por Patricio Sepúlveda

Lo ocurrido en el Aeropuerto Internacional Rey Khalid, en Riad, Arabia Saudita, debe estremecer a toda la comunidad aeronáutica mundial. Las informaciones sobre personas fallecidas, centenares de heridos, aeronaves dañadas y operaciones interrumpidas no pueden convertirse simplemente en otra noticia que leemos hoy y olvidamos mañana.

No. Esta vez debemos detenernos, reflexionar y levantar la voz.

Porque cuando un aeropuerto es atacado, no solamente se destruyen instalaciones, se dañan aeronaves o se interrumpen vuelos. Se golpea algo mucho más profundo: la confianza que durante más de un siglo hemos construido para que millones de seres humanos puedan desplazarse libremente por el planeta.

La aviación es, probablemente, una de las expresiones más extraordinarias de cooperación internacional que ha creado la humanidad. Un avión puede ser fabricado en un continente, operado por una aerolínea de otro, tripulado por personas de distintas nacionalidades y transportar pasajeros de decenas de países. Todo ello bajo un lenguaje común, procedimientos compartidos y una convicción universal: la seguridad de la vida humana está por encima de cualquier diferencia.

En el aire no existen razas, religiones ni ideologías. Existen seres humanos que confían sus vidas a un sistema que hemos construido entre todos. Y esa confianza es sagrada!

He dedicado buena parte de mi vida a la aviación. He conocido aeropuertos en los cinco continentes, he trabajado con aerolíneas, autoridades, organismos internacionales y miles de profesionales que, más allá de sus nacionalidades o creencias, comparten una misma vocación: conectar al mundo de manera segura.

Por eso, lo ocurrido en Riad me duele especialmente.

Me duele pensar en las familias que esperaban el regreso de sus seres queridos. En los trabajadores aeroportuarios que simplemente cumplían con su jornada. En las tripulaciones que se preparaban para despegar. En los pasajeros que llegaron a un aeropuerto confiando en que era un lugar seguro. Ninguno de ellos debería formar parte de un escenario de violencia.

Un aeropuerto no es un campo de batalla. Es una puerta abierta al mundo. Es el lugar donde se producen los abrazos del reencuentro, donde comienzan los sueños, donde viajan las oportunidades, donde se transportan medicamentos, alimentos y ayuda humanitaria. Es, en definitiva, un espacio de encuentro entre personas que muchas veces no comparten idioma, cultura o historia, pero sí una misma condición humana.

Convertir ese espacio en un objetivo de violencia significa cruzar una frontera que jamás deberíamos aceptar como normal.

No importa dónde ocurra. No importa la nacionalidad de las víctimas. No importa qué conflictos se desarrollen alrededor. La protección de la aviación civil debe ser un principio universal, incondicional e irrenunciable.

La comunidad aeronáutica internacional, encabezada por organismos como la OACI y la IATA, junto con los Estados, las autoridades aeroportuarias y las compañías aéreas, tiene una responsabilidad que trasciende los intereses comerciales y las fronteras nacionales: defender la seguridad de la aviación civil con una sola voz.

No basta con lamentar los hechos. No basta con contabilizar vuelos cancelados, pérdidas económicas o daños materiales. Debemos exigir que los aeropuertos civiles, las aeronaves, sus tripulaciones, sus trabajadores y sus pasajeros sean protegidos en toda circunstancia. Porque el verdadero patrimonio de la aviación no son sus aviones, sus terminales ni sus impresionantes avances tecnológicos. Su verdadero patrimonio es la confianza. Y la confianza, cuando se destruye, es mucho más difícil de reconstruir que cualquier edificio o aeronave.

Quisiera que este episodio sirviera para despertar una conciencia colectiva. Que no lo observemos como un problema lejano, ocurrido en una región distante. Que comprendamos que cada vez que la aviación civil es víctima de la violencia, todos perdemos algo.

La aviación ha logrado lo que tantas veces la política, las fronteras y las diferencias humanas no han conseguido: acercar a los pueblos. Ha convertido las distancias en encuentros, las diferencias en oportunidades y los océanos en puentes. No permitamos que aquello que construimos para unir termine convertido en instrumento o víctima de la destrucción.

Hoy las víctimas están en Riad. Mañana podría ser cualquier aeropuerto del mundo.

No podemos ser indiferentes. No podemos acostumbrarnos. No podemos guardar silencio. Porque proteger la aviación civil no es defender una industria.

Es defender la vida. Es defender la libertad de encontrarnos. Es defender uno de los pocos espacios donde la humanidad ha aprendido a trabajar verdaderamente unida. Y eso, por encima de cualquier diferencia, merece ser defendido por todos.

 

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