La Transportation Security Administration (TSA) avanza en la instalación de escáneres de tomografía computarizada (CT 3D) en los aeropuertos de Estados Unidos, equipos que generan cientos de imágenes en distintos ángulos para construir un modelo tridimensional rotable del equipaje. La tecnología permite ver el contenido completo de una maleta y detectar forma y densidad, algo que los rayos X tradicionales no logran, y por eso habilita que los pasajeros dejen electrónicos grandes dentro del bolso en las filas equipadas.
Simple Flying informó que la ganancia no siempre es de velocidad. Las máquinas suelen ser más pequeñas que los escáneres antiguos, lo que genera cuellos de botella cuando un bulto queda atascado o es demasiado grande, y el proceso de escaneo por bolso no es necesariamente más rápido. Su beneficio principal es la precisión y la menor necesidad de revisión manual. Por eso la agencia no está priorizando las filas PreCheck, cuyo valor comercial es justamente la rapidez y cuyos usuarios ya pasan por un chequeo de antecedentes.
El factor económico también pesa: cada unidad cuesta cerca de US$800.000, frente a los US$65.000 de un equipo de rayos X convencional. La TSA instaló las primeras unidades en 2017 en Phoenix y Boston, y luego escaló los pedidos: 300 escáneres en 2019, más de 300 en 2021 por US$198 millones, 938 en 2022 por US$781,2 millones y 1.214 en 2023 por US$1.300 millones. Con más de 400 aeropuertos comerciales bajo su jurisdicción y presencia actual en cerca de 300, se estima que el despliegue completo no terminará antes de fines de la década de 2030.
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