United Airlines impulsa una estrategia de crecimiento agresiva centrada en una mayor presencia en Nueva York-JFK, expansión internacional, cabinas premium e inteligencia artificial, mientras administra los retrasos del Boeing 737 MAX 10, costos operativos crecientes y capacidad aeroportuaria limitada. Su CEO, Scott Kirby, identificó Sudamérica y el sureste de Estados Unidos como los principales vacíos de la red. Miami emerge como la oportunidad clave: American Airlines controla más del 60% de los embarques de pasajeros en ese aeropuerto en el año fiscal 2025, de modo que un avance de United la pondría en competencia directa con su rival.
El obstáculo principal es de flota. United mantiene 167 Boeing 737 MAX 10 en pedido, con certificación y entregas postergadas hasta el verano boreal de 2027, lo que dejó cientos de asientos lie-flat diseñados para ese modelo almacenados y sin posibilidad de transferirse a otras aeronaves por incompatibilidad de dimensiones. Como solución transitoria, la aerolínea actualizó un grupo de Airbus A321neo con 20 suites Polaris, asientos premium economy e interiores rediseñados, una subflota bautizada Coastliner para rutas transcontinentales. Aviation A2Z informó, con base en un reporte de CNBC, que United planea volver a JFK mediante una alianza con JetBlue Airways ya el próximo año y evalúa obtener slots de aerolíneas con servicios no rentables. Kirby exploró combinaciones con Delta y American, ambas rechazadas, y aclaró que cualquier transacción mayor requeriría un socio dispuesto. En el primer semestre del año, United quedó detrás de Delta y Alaska Airlines en llegadas a tiempo, según datos del Departamento de Transporte estadounidense.
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