Una utopía hecha país

Un barrio de poco más de medio kilómetro cuadrado se declaró país. El presidente es un poeta y la bandera cambia con las estaciones. Hay gabinete de ministros, embajadas, moneda local, armada y hasta una curiosa constitución, que otorga derechos a gente, perros, gatos y al río que atraviesa.
.
Se trata de la República de Užupis, un antiguo barrio de Vilna, capital lituana, donde alguna vez habitó la marginalidad. Un primero de abril, “día de los tontos de abril” (equivalente latinoamericano al 28 de diciembre, “día de los inocentes”) de hace un cuarto de siglo, un grupo de artistas declaró la independencia de esta nación. Es difícil estimar si se trató de una propuesta real, de una broma, de un experimento artístico o de un grito emancipador, pero lo cierto, es que esta autodenominada república cambió la sordidez y el miedo del otrora Užupis, por la creatividad y el libre pensamiento de una micronación.
.
Este país inventado solo existe en el corazón de los “Užupianos” ya que ningún gobierno en el mundo lo reconoce. Sin embargo, en el estrecho puente sobre el río Vilnele que separa Užupis del resto de Vilna, los visitantes reciben un inútil pero pintoresco sello en el pasaporte, oficializando la entrada a un nuevo territorio. Užupis, Patrimonio de la Humanidad UNESCO, huele a comida local, a aire limpio, a bohemia y a cultura. Decenas de esculturas, murales, galerías de arte y talleres de artesanos moran sinuosas calles empedradas junto a sus siete mil ciudadanos.
.
Basta mirar cualquier rincón para encontrar algo llamativo: el columpio que flota sobre el río, la mesita del parque atiborrada de libros de autopréstamo o la escultura del ángel que despierta con su trompeta a una nación liberada del yugo soviético. Pero lo más peculiar, son decenas de placas metálicas exhibidas en una extensa pared. Cada una corresponde a un idioma al que ha sido traducida la constitución de Užupis. “Todos tienen derecho a vivir cerca del río Vilnele y el río Vilnele tiene derecho a fluir cerca de todos” reza el primer artículo; y aunque algunos otros parecen graciosos: “un gato no está obligado a amar a su dueño pero debe ayudar en tiempo de necesidad”, hay otros que resumen muy bien la filosofía del lugar: “todo el mundo tiene derecho a ser feliz”.
.
Al abandonar este utópico país, se encuentra una señal de tránsito con varios elementos: una marca roja da por terminado el límite de velocidad de 20 kilómetros por hora; la figura de un auto cayendo al río alerta sobre un riesgo tan irreal como el lugar; un diagrama de la Monalisa resalta el carácter artístico de la nación; y una carita sonriente, tan azul como el cielo de Užupis, deja al viajero feliz y con la duda de si todo se trató de una broma.
.
Escrito por:
Patricia Bohórquez
Una colombiana que lleva la tercera parte de su vida viviendo en el exterior. Médica de profesión, mamá de ocupación, viajera por pasión y escritora por vocación. 
Fotografía original de la autora de este artículo.

Suscríbete gratis al boletín de noticias

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *