Una tarifa que aleja más que lo que controla

Por Jennyfer Montoya

En un momento en el que el mundo entero debería estar preparándose para celebrar la diversidad y el encuentro global que representa el Mundial de Fútbol 2026, Estados Unidos ha tomado una medida que parece jugar en contra del espíritu de unidad que da el fútbol.

A partir del año fiscal 2025, los visitantes con visa no inmigrante deberán pagar una nueva tarifa de $250 dólares, llamada “visa integrity fee”, una especie de depósito reembolsable que supuestamente busca garantizar que los viajeros cumplan con las condiciones de su visa. En teoría, la intención podría sonar razonable. En la práctica, esta tarifa es una barrera más, y una preocupante, para millones de personas que sueñan con conocer el imponente país de Estados Unidos, la capital del mundo, el mundo de Mickey Mouse, entre los miles de lugares que las personas se han propuesto conocer algún día.

El turismo, una de las industrias más afectadas durante la pandemia, se ha ido recuperando lentamente. Pero medidas como esta no solo encarecen la experiencia para el visitante, sino que transmiten un mensaje de desconfianza hacia quien llega. Un turista que ya debe costear la visa, el pasaje, el seguro médico, el alojamiento y los gastos de viaje, ahora deberá sumar una cuota adicional que, para muchos, será inalcanzable o simplemente desmotivadora.

La falta de claridad sobre el proceso de reembolso es otro golpe: no se sabe quién devolverá el dinero, ni cuándo, ni cómo. Abogados especializados ya anticipan que probablemente ese dinero no regresará. Así, lo que se presenta como un depósito, parece más bien una multa preventiva, aplicada a millones de personas sin que hayan cometido ninguna falta.

Y mientras tanto, el Mundial se acerca. En 2026, Estados Unidos será sede, junto a México y Canadá, del evento deportivo más visto, más expectante y con más aficionados en el mundo. Se espera la llegada de cientos de miles de fanáticos de todas las latitudes. ¿Qué imagen ofrece este nuevo cobro a esos potenciales viajeros? ¿Qué tan bienvenido se sentirá un turista que antes de entrar al país ya debe asumir un pago elevado por “buena conducta”?

La US Travel Association ha advertido que esta tarifa podría disuadir el turismo, y no es para menos: esta medida, lejos de garantizar seguridad o control migratorio, proyecta una política cerrada, que se contradice con la apertura que el país debería mostrar ante un evento de escala global.

En lugar de facilitar las vías legales de ingreso y estrechar lazos con quienes respetan las normas, esta tarifa castiga preventivamente a quienes hacen las cosas bien. Y eso no solo afecta al turista o al estudiante, sino también al país anfitrión, que podría ver disminuir los ingresos por turismo, su imagen internacional y la participación activa de miles de personas en uno de los eventos deportivos más importantes.

Las fronteras se cuidan, sí. Pero también se abren, se decoran y se preparan para recibir. Hoy con esta medida, Estados Unidos parece más interesado en cerrar que en celebrar. 

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