Estados Unidos entró el 23 de septiembre en una nueva fase de presión sobre el sector aéreo iraní al amenazar con sanciones secundarias a aeropuertos, proveedores de combustible y otras compañías extranjeras que sigan prestando servicios a las aerolíneas de Irán. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió que las empresas que mantengan esas relaciones comerciales se arriesgan a quedar fuera del sistema del dólar. El mecanismo no prohíbe directamente los vuelos en terceros países, sino que usa el acceso al sistema financiero estadounidense como instrumento de presión.
La advertencia alcanza a buena parte de los servicios imprescindibles para sostener una operación internacional: suministro de combustible, asistencia aeroportuaria, servicios de aterrizaje y comercialización de billetes. De acuerdo con Aviación Digital, aunque una aerolínea disponga de aeronaves y derechos de tráfico, resulta prácticamente imposible mantener vuelos internacionales sin handling, combustible y canales de venta. Como no existen conexiones comerciales regulares entre Estados Unidos e Irán, el efecto de las restricciones domésticas sería limitado, por lo que Washington traslada la presión a terceros países.
El impacto ya se observa: varias rutas internacionales registran cancelaciones y Mahan Air, uno de los principales operadores iraníes, redujo vuelos hacia Estambul, Ankara y Mascate. La estrategia, sin embargo, no cuenta con respaldo universal. El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun, afirmó el 22 de septiembre que Pekín se opone a las sanciones unilaterales sin base en el derecho internacional ni autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Países como Irak, Pakistán o Turquía quedan ante la disyuntiva de mantener servicios o reducir su exposición. Las operaciones domésticas iraníes quedarían fuera del alcance directo de la medida.
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