La industria aeroespacial global, tradicionalmente dominada por potencias occidentales, sigue de cerca los esfuerzos de China por avanzar en la fabricación local de motores para aviones comerciales, un sector reconocido por su alta complejidad tecnológica y estratégica.
China persigue tres objetivos: lograr independencia tecnológica, reemplazar aviones europeos, estadounidenses, canadienses y brasileños en su mercado interno, y posicionar sus productos en mercados internacionales de su influencia.
La trayectoria de China en este campo comenzó tras la Segunda Guerra Mundial, influenciada por tecnología soviética. Ejemplos tempranos incluyen el Klimov RD-500, una copia sin licencia del Rolls-Royce RB.37 Derwent, y motores como el Klimov VK-1 (derivado del Rolls-Royce RB.41 Nene) y el Tumansky R-11, de origen soviético. Estos modelos fueron base para la producción local de motores como el Wopen WP-5 y WP-7.
A lo largo de las décadas, China intentó replicar motores occidentales como el Rolls-Royce Spey Mk202, que dio origen al WS-9 “Qinling”, y el Pratt & Whitney JT3C. Sin embargo, la falta de experiencia integral en metalurgia y procesos de fabricación hizo que estos desarrollos tomaran décadas en completarse.
El informe analiza si China podrá posicionarse como competidor global en la fabricación de motores comerciales y cuándo podría lograrlo, dada la alta dificultad técnica que presenta este sector.