La Nación recordó uno de los episodios más célebres de la aviación comercial: la noche del 24 de junio de 1982, el vuelo BA 009 de British Airways, un Boeing 747 con 248 pasajeros y 15 tripulantes, perdió sus cuatro motores tras atravesar una nube de ceniza del volcán Galunggung, en Indonesia, mientras volaba de Kuala Lumpur a Perth. El capitán Eric Moody mantuvo la calma con un anuncio que pasó a la historia: “Tenemos un pequeño problema. Los cuatro motores se detuvieron”.
De acuerdo con La Nación, la ceniza —invisible para el radar meteorológico— se fundió dentro de las turbinas y las apagó, dejando al avión planeando sobre Java. Tras varios intentos, la tripulación logró reiniciar los motores a unos 12.000 pies y aterrizó en Yakarta casi sin visibilidad por el parabrisas dañado, sin víctimas. El incidente cambió la forma en que la industria evalúa el riesgo de la ceniza volcánica; un caso similar ocurrió en 1989 con un Boeing 747 de KLM sobre el volcán Redoubt, en Alaska. Moody, fallecido en 2024, acumuló más de 17.000 horas de vuelo a lo largo de su carrera.
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