El precio del combustible de aviación se convirtió en 2026 en el principal factor de reconfiguración de las redes aéreas. Tras el cierre del estrecho de Ormuz el 28 de febrero, que según IATA retiró del mercado unos 10 millones de barriles diarios de crudo, cerca del 10% del consumo mundial, el precio del jet fuel subió más de 120% y alcanzó 1.838 dólares por tonelada a comienzos de abril, para luego estabilizarse sobre los 1.500 dólares. Con el combustible representando entre 25% y 30% de los costos operativos, las aerolíneas comenzaron a recortar vuelos pese a que la demanda sigue creciendo: el tráfico mundial se proyecta en unos 5.200 millones de pasajeros en 2026, con un alza interanual de entre 3,9% y 4,4%.
American Airlines advirtió que su factura de combustible del cuarto trimestre será unos 1.000 millones de dólares mayor a lo previsto y ajustó su proyección anual. United Airlines recortó cerca de 5% de su capacidad y su CEO, Scott Kirby, estimó un sobrecosto cercano a 6.000 millones de dólares en el año. Delta redujo 3,5 puntos porcentuales de capacidad y Southwest reportó un aumento de casi 900 millones de dólares en el gasto de combustible del segundo trimestre. El ajuste es global: Air Canada suspendió Toronto y Montreal hacia Nueva York-JFK, Korean Air entró en gestión de emergencia, Cathay Pacific recortó 2% y Qantas cinco puntos de su capacidad doméstica. Air France-KLM elevó su factura estimada a 9.300 millones de dólares y bajó su crecimiento de capacidad de 3-5% a 2-4%. De acuerdo con Simple Flying, IATA advirtió que el shock podría reducir a la mitad las utilidades de la industria en 2026.
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