A diez años del referéndum del Brexit, la Asociación Británica de Carga Internacional (BIFA) destacó el papel decisivo que los agentes de carga (freight forwarders) han tenido para que las empresas se adapten a las condiciones más complejas del comercio entre el Reino Unido y la Unión Europea. Lo que antes era un intercambio prácticamente sin fricciones pasó a involucrar declaraciones aduaneras, reglas de origen, procedimientos de IVA y controles sanitarios y fitosanitarios.
Durante la última década, los forwarders ampliaron sus operaciones de corretaje aduanero, desarrollaron servicios logísticos especializados post-Brexit e invirtieron en tecnología y formación de personal para guiar a importadores y exportadores entre normativas en constante cambio. La transición no estuvo exenta de dificultades: más papeleo, más inspecciones, mayores costos operativos y servicios de grupaje especialmente afectados al requerir múltiples entradas aduaneras. Irlanda del Norte emergió como una de las fronteras comerciales más complejas de Europa.
De acuerdo con Air Cargo Week, diversos estudios estiman que el comercio entre el Reino Unido y la UE se mantiene entre un 10% y un 20% por debajo del nivel que habría alcanzado sin el Brexit. Steve Parker, director general de BIFA, resumió que «el Brexit hizo el comercio más difícil, costoso y exigente, pero nuestros miembros lo hicieron manejable». El caso ilustra para la industria global cómo la intermediación logística absorbe el costo de las barreras regulatorias.
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