La joya árabe

Es innegable. Este país se asocia a opulencia y suntuosidad en exceso. Es el reino del dios dinero, paraíso de materialistas e imperio de multimillonarios que ya no saben en qué gastar sus fortunas. Pero más allá de hoteles y mansiones fastuosas, de autos de oro y yates de lujo, de centros comerciales del tamaño de 50 campos de fútbol, de islas artificiales y de los más altos rascacielos, hay un tremendo ejemplo de liderazgo.
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Hace apenas 50 años, Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) lograron su independencia tras más de un siglo bajo el protectorado del Reino Unido. El 2 de diciembre de 1971 se constituyeron en un pequeño país del Golfo Pérsico, empobrecido entonces, cuya frágil economía dependía de la pesca de perlas. Sí, los extensos yacimientos petrolíferos convirtieron ese pequeño puerto en medio del desierto en uno de los países más ricos, pero sin una buena gestión y la visión de sus gobernantes, serían otro Yemen u otra Venezuela.
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EAU está rodeado de vecinos que incluso tienen más petróleo, pero que involucrados en guerras por el poder y diferencias religiosas, han cegado cientos de miles de vidas inocentes, ocasionando grandes olas de migraciones forzadas y retrocediendo el desarrollo social y económico de sus naciones. En medio de ello, Los Emiratos son la joya árabe que sabiamente ha administrado la riqueza, promulgando un estado pacífico y próspero, donde la educación, la equidad, el bienestar del pueblo y la tolerancia cero a la corrupción son la base de sus principios.
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Resulta igual de sorprendente cómo los EAU han creado una sociedad respetuosa y pluralista. Casi el 90% de los habitantes de ese país no nacieron allí, convirtiéndose en la nación con mayor tasa de inmigrantes en el mundo. Miles de personas llegan cada año a Los Emiratos en busca de oportunidades, y aunque más de una vez las condiciones laborales han estado en la lupa de organizaciones defensoras de derechos humanos, lo cierto es que muchos trabajadores encuentran en este país lo que perdieron en los suyos: esperanzas en un futuro mejor.
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Son apabullantes el lujo y la riqueza inconmensurables de este lugar, pero quitando esa capa, se encuentra la historia de una nación que pese a sus imperfecciones puede ser tomada como ejemplo en muchos aspectos. Dicho por el jeque Mohamed bin Rashid, primer ministro del país y gobernante de Dubái: “La buena gestión ha permitido que algunas naciones asciendan a lo más alto, mientras que las malas gestiones han hecho que otras terminen en el fondo del mar. Solemos echar la culpa a los colonialistas, a nuestras guerras absurdas, a las decrépitas economías o al deterioro educativo. Sin embargo, solo nos podemos culpar a nosotros mismos por resistirnos a tomar las riendas de un buen gobierno”.
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Me quedo con este recuerdo: un joven de apariencia africana que trabaja como vigilante en un supermercado. Imagino que este chico representa la historia de tantos inmigrantes que llegan a los EAU buscándose una vida digna, huyendo de la miseria y el miedo. Agradecí su amabilidad cuando me regaló un tapabocas reemplazando el que acababa de romperse, y cuando por segunda me ayudó, poniéndome en contacto con alguien que resolvería mi duda. Al salir del supermercado me despedí de él.  Me regaló una sonrisa con sus enormes ojos negros, agachó la cabeza y puso la mano sobre su corazón.
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Escrito por:
Patricia Bohórquez
Una colombiana que lleva la tercera parte de su vida viviendo en el exterior. Médica de profesión, mamá de ocupación, viajera por pasión y escritora por vocación. 
Fotografía original de la autora de este artículo.

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