El 16 de mayo de 1919, despegó desde Trepassey Bay (Terranova, Canadá) el hidroavión Curtiss NC-4, marcando el inicio del primer vuelo transatlántico en la historia de la aviación. Aunque no fue un cruce directo, esta travesía representó un hito al demostrar que cruzar el Atlántico por aire era posible.
El vuelo fue realizado por la Marina de los Estados Unidos, como parte de una misión de demostración. El NC-4, comandado por el teniente Albert Cushing Read, formaba parte de un grupo de tres hidroaviones, pero fue el único que logró completar todo el recorrido.
La ruta incluyó varias escalas planificadas en el océano Atlántico Norte: desde Terranova volaron hasta las Azores, luego a Lisboa (Portugal), y finalmente aterrizaron en Plymouth (Inglaterra) el 27 de mayo, tras recorrer más de 6.000 kilómetros.
A diferencia del famoso cruce sin escalas de Charles Lindbergh en 1927, esta misión no fue en solitario ni continua, pero sentó las bases para la navegación aérea transoceánica. Fue una hazaña de planificación, resistencia técnica y navegación en condiciones adversas, apenas 16 años después del primer vuelo de los hermanos Wright.