Es un país de 47 millones de habitantes y el segundo más grande de América Latina. Su capital alberga casi el 40% de la población y es una de las ciudades más turísticas de la región, con un peso económico importante, una oferta cultural de primer nivel, una belleza arquitectónica que pocas ciudades pueden igualar y dos aeropuertos que la sirven (aunque esto último no necesariamente ha sido un plus).
Con todos esos atributos, Argentina siempre ha estado llamada a ser un destino de primer nivel. Pero así como en el plano económico pasó de ser una potencia más rica que Francia a comienzos del siglo XX a estar firmemente asentada en el Tercer Mundo un siglo después, en materia aerocomercial la tierra de Gardel renunció a ser un Jumbo jet y apenas le da para un turbohélice que debe abrirse camino con todas las condiciones atmosféricas en contra.
La última tormenta ocurrió hace unos días, cuando el Gobierno incluyó en el proyecto de Ley de Presupuesto 2023 la creación de una nueva “tasa de seguridad” que encarecerá los vuelos locales, regionales e internacionales. Un duro golpe no solo para la aviación, sino también para todos los sectores económicos vinculados a ella, que aún buscan recuperarse de la demolición que supuso la pandemia del COVID-19.
La medida se conoció pocas semanas después de otro anuncio polémico, como fueron las nuevas tasas para las compras en dólares de pasajes aéreos y gastos en esa moneda con tarjetas de crédito y débito, que busca desalentar la salida de divisas del país.
El anunciado impuesto a los tickets aéreos se suma a una larga lista de gravámenes que ya se debían pagar y que, sumados, representan el 54% del valor total de un pasaje. Para poder seguir viajando, los argentinos tendrán que desembolsar cada vez más dinero por el mismo servicio y muchos simplemente se quedarán en tierra, imposibilitados de pagar.
En 2019, antes del receso pandémico, en Argentina viajaron 30,4 millones de personas por vía aérea: un 63% del total de su población. En comparación, su vecino Chile tiene 19 millones de habitantes, pero anotó ese mismo año poco más de 26 millones de pasajeros y se posicionó como el país con la mayor tasa de viajes por habitante en América Latina.
La diferencia entre Chile y Argentina es que, mientras el primero ha llevado adelante una política de cielos abiertos y una regulación aeronáutica clara y estable, que fomenta la competencia y la libre iniciativa, Argentina ha hecho exactamente lo contrario.
¿Algunos ejemplos?
Los costos de navegación aérea para un Airbus A320-200 son ocho veces más caros en un país que en otro… adivine en cuál.
La mayor aerolínea local está en manos del Estado y se mantiene operativa solo gracias a las millonarias transferencias que el Gobierno debe hacerle para hacer frente a las pérdidas, mientras que al otro lado de la cordillera es 100% privada y debe financiarse sola, sin ninguna ayuda estatal. Nuevamente, adivine a qué país corresponde cada caso.
En 2019 Argentina recibió 7,4 millones de turistas, frente a 4,5 millones de Chile, pero los destinos internacionales servidos desde ambos países son muy parecidos: 58 versus 52. Y si medimos el aporte al PIB que realiza la industria aérea en cada país, se impone Chile con un 2,8% contra un 2,1% de Argentina.
Como para bailar tango se necesitan dos, la industria aerocomercial argentina no solo está claramente muy por debajo de su potencial, sino que se ahoga a medida que las autoridades siguen poniéndole obstáculos en lugar de incentivos para su despegue: según la IATA hoy es una de las más gravadas del mundo. Organización que, a propósito de la polémica “tasa de seguridad”, acusó al Gobierno de ese país de trasladarle al pasajero el coste de la seguridad aérea, en circunstancias que es responsabilidad del Estado.
Prácticas proteccionistas que impiden la libre competencia, millonarios subsidios pagados de los bolsillos de los contribuyentes e impuestos con intenciones dudosas no solo le han significado al país mantener aerolíneas deficientes y hacer inalcanzables los servicios aéreos a millones de argentinos. También ha restado progresivamente competitividad al país frente a otros con quizás menores ventajas, pero con una institucionalidad más sólida y transparente.
Algo que la pandemia solo contribuyó a agravar: entre junio de 2019 y junio de este año Argentina perdió 53 rutas aéreas, 4.400 frecuencias y 632.000 asientos, según información de la IATA. Pero incluso antes de ella, el país ocupaba el puesto 130 -entre 136 países- en el Índice de Competitividad de Viajes y Turismo del Foro Económico Mundial. En el mismo ranking, Chile estaba en el tercer lugar a nivel global.
Hay motivos de sobra para llorar por ti, Argentina.
Escrito por:
Sergio Espinosa V.
Periodista chileno especializado en temas de aviación, ha trabajado en los más prestigiosos diarios y revistas de ese país. Aunque ha ocupado distintos puestos, su pasión siempre ha sido escribir sobre la industria aérea.
Sergio Piñeiro Dávila
says:Qué lástima todo lo que nos informa esta columna de opinión. Las trabas a todo tipo de industria son nefastas.
Diana
says:Muchas gracias por tus comentarios. Te invitamos a suscribirte a nuestro newsletter, Flylinkers news en nuestra página: https://news.flylinkers.com/
Pamela Gutiérrez
says:Efectivamente el alza de impuestos en los aeropuertos es una traba más para el desarrollo de la industria aérea y del impulso al turismo. Es una medida equivocada en un país que requiere urgentemente recuperarse económicamente. Muy buena columna.
Diana
says:Muchas gracias por tus comentarios. Te invitamos a suscribirte a nuestro newsletter, Flylinkers news en nuestra página: https://news.flylinkers.com/
Viviana Valenzuela
says:Que pena en realidad, cuando todos los amantes de viajar están esperando mas facilidades para seguir con esta pasión por volar, mas aun después de la pandemia!!
Diana
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