Rusia apuesta el futuro de su aviación civil al Yakovlev MC-21, el narrow-body con el que busca reducir su dependencia de aeronaves occidentales, pero el programa acumula sobrecostos y penalizaciones de desempeño. El costo proyectado de los primeros 18 aviones con componentes locales subió de 58.300 millones de rublos a 96.100 millones, con un precio estimado por unidad de unos 5.340 millones de rublos. Además, la sustitución de motores, sistemas y materiales compuestos por equivalentes rusos dejó al avión cerca de seis toneladas más pesado, lo que impide a la versión actual volar sin escalas entre Moscú y Vladivostok, como preveía el diseño original.
El MC-21-310 de configuración estándar de producción realizó su primer vuelo en agosto de 2026, con 1 hora y 23 minutos en el aire y ascenso a 6.000 metros. Rostec afirmó que el programa completó más de la mitad de los vuelos de certificación, y el lote inicial de 18 unidades se prepara para entrega a Aeroflot durante 2026 y 2027. El telón de fondo es una flota tensionada: más de 400 aeronaves de propiedad extranjera quedaron en el país tras la salida de los lessors occidentales, cerca del 20% de la flota rusa ha estado en tierra en años recientes y las fallas reportadas llegaron a 300 en 2024. Según Aviation A2Z, que cita a The Moscow Times, el MC-21 no resuelve por sí solo el problema: se requiere subir la producción, contener los costos y sostener la cadena de suministro durante años.
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