El Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta (ATL), el más transitado del mundo, vivió este fin de semana una de las peores crisis de seguridad aeroportuaria de su historia reciente. Un ausentismo masivo entre los agentes de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) generó colas de hasta seis horas en los controles de acceso, forzando a las autoridades a recomendar a los pasajeros llegar con hasta cuatro horas de anticipación. Como medida de emergencia, el aeropuerto desactivó su sistema de monitoreo de tiempos de espera para evitar concentraciones en puntos específicos.
En respuesta al caos, el gobierno federal desplegó agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para apoyar las operaciones. Sin embargo, según reportó Aviation A2Z, los agentes fueron observados sin cumplir funciones activas en los terminales — su rol estaba limitado a vigilancia de salidas y manejo de multitudes —, sin que hubiera evidencia de mejora en el flujo de los checkpoints. Los sindicatos de aerolíneas y tripulantes de cabina calificaron el despliegue como insuficiente y cuestionaron la lógica de introducir personal sin entrenamiento específico en entornos de seguridad aeroportuaria. El escenario pone de relieve la fragilidad del sistema de seguridad en EE.UU. en un contexto de cierre parcial del gobierno que afecta el financiamiento del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y el pago regular a los agentes de TSA.
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