La aviación mundial enfrenta la presión de reducir emisiones de CO₂, que hoy representan entre 2% y 3% del total global. En este contexto, el uso de combustibles sostenibles de aviación (SAF) aparece como la alternativa más inmediata para disminuir la huella ambiental del transporte aéreo.
Según informa Airways, existen dos grandes líneas de desarrollo: los biocombustibles, elaborados a partir de biomasa renovable como aceites de cocina usados o residuos agrícolas, y los Power-to-Liquid (PtL), combustibles sintéticos creados a partir de hidrógeno verde y CO₂ capturado. Ambos son compatibles con la infraestructura actual y con motores existentes, aunque difieren en costos, madurez tecnológica y escalabilidad.
Los biocombustibles ofrecen ahorros de emisiones de 60% a 80%, ya están aprobados por ASTM desde 2011 y han permitido más de 450,000 vuelos comerciales con mezclas de SAF. Sin embargo, su producción está limitada por la disponibilidad de materias primas y puede cubrir solo entre 2% y 3% de la demanda global. Por su parte, los PtL prometen reducciones de 90% a 100%, con potencial teórico ilimitado, pero presentan costos elevados de hasta 8 a 10 dólares por litro y una alta demanda energética.
Los expertos proyectan que entre 2025 y 2030 dominarán los biocombustibles tipo HEFA, mientras que después de 2030 los proyectos de PtL se expandirán en regiones con abundante energía renovable. De cara a 2035, se espera que la capacidad total de SAF supere los 57 millones de toneladas anuales, con PtL ganando terreno como la solución a largo plazo hacia el objetivo de cero emisiones netas en 2050.
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