El Gobierno de Suecia ha decidido eliminar el impuesto que aplicaba a los vuelos comerciales, una medida que se instauró hace seis años en el contexto de un auge ecologista en el país.
La tasa era de hasta 60 euros por billete, dependiendo de la distancia del vuelo, y su objetivo era reducir las emisiones del sector aéreo. Desde su implementación, el número de pasajeros aéreos en Suecia se redujo en un tercio, y varios aeropuertos regionales debieron cerrar. El transporte ferroviario ganó popularidad como alternativa.
La decisión del gobierno ha sido bien recibida por las aerolíneas. Ryanair anunció planes para expandir sus operaciones en Suecia y utilizó el caso para criticar una medida similar recientemente aprobada en Dinamarca.
SAS, la principal aerolínea escandinava, apoyó sin reservas la eliminación del impuesto, afirmando que esto refuerza sus esfuerzos para reducir las emisiones de CO₂ por medios propios.
El impuesto se había instaurado durante un período de fuerte activismo climático en Suecia, con figuras como Greta Thunberg influyendo en el debate público y fomentando conductas como evitar volar por razones ambientales.