La ciudad del lujo

Llegué a Riga ignorando que encontraría una ciudad lujosísima. La riqueza de la capital empieza a manifestarse con la gama de verdes vibrantes que asoman en cada rincón: bosques, parques y exuberante vegetación. Al ya de por sí espléndido paisaje, se unen el aire limpio y el sonido de los árboles meneados por el viento. El canto de las aves endulza la melodía.
Hay otro opulento protagonista: el caudaloso río Daugava que abandona Rusia para instalarse en la capital báltica. Sin que le basten inolvidables paseos en barco por sus aguas, el Daugava se jacta de los límpidos canales que alimenta. Los canales de la ciudad son apreciados por los letones, quienes aparte de navegarlos los contemplan desde las concurridas riberas.
Pero el agua dulce no es la única fortuna. Detrás de los bosques que rodean la capital yacen playas lamidas por un mar Báltico tan azul como apacible, fácilmente alcanzable desde cualquier punto de la ciudad. Y si los lujos no fueran pocos, Riga brilla por su arquitectura que combina edificios Art Noveau de antaño con amplias aceras futuristas, sembradas con árboles frondosos que brindan frescor y sombra tan necesarios en tiempos de cambio climático.

Escrito por:
Patricia Bohórquez
Una colombiana que lleva la tercera parte de su vida viviendo en el exterior. Médica de profesión, mamá de ocupación, viajera por pasión y escritora por vocación. 
Foto y video de Patricia Bohórquez
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