Tras los recientes bombardeos de Estados Unidos a tres centros nucleares iraníes, varias aerolíneas globales han desviado o suspendido vuelos sobre el espacio aéreo de Medio Oriente, incluyendo Irán, Irak, Siria e Israel.
American Airlines y United Airlines modificaron sus rutas para evitar zonas de alto riesgo, desviando los trayectos por el mar Caspio, Egipto y Arabia Saudita, lo que incrementa los costos operativos y alarga los tiempos de vuelo.
Desde el 13 de junio, cuando Israel realizó un ataque sorpresa contra Irán, las aerolíneas comenzaron a evitar el espacio aéreo iraní, y la situación se agravó tras los bombardeos estadounidenses.
Safe Airspace alertó sobre un riesgo elevado para aeronaves de EE. UU. y países aliados, aunque Irán no ha emitido amenazas directas contra la aviación civil. Aerolíneas como El Al, Arkia e Israir suspendieron todos sus vuelos hasta al menos el 27 de junio, mientras Israel cerró temporalmente su espacio aéreo.
Miles de pasajeros quedaron varados en Israel, y el Ministerio de Turismo está coordinando salidas vía Jordania y Chipre. Varios gobiernos, como Japón y Nueva Zelanda, iniciaron operativos de evacuación para sus ciudadanos.
Según la IAEA, no se detectaron fugas de radiación tras los ataques a los sitios de Fordo, Natanz e Isfahan, que fueron blanco de bombas tipo GBU-57, capaces de penetrar estructuras subterráneas.
El gobierno iraní negó daños críticos y afirmó haber evacuado los sitios antes del ataque. Sin embargo, el expresidente Donald Trump declaró que las instalaciones fueron “completamente destruidas”.
En represalia, Irán lanzó misiles contra Israel, con explosiones reportadas en Tel Aviv, Haifa y Jerusalén. Expertos advierten de una posible escalada militar regional, que podría incluir ataques con drones, misiles balísticos o acciones contra rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz.