Adiós a las mascarillas

Esta semana, Chile, Argentina y Perú coincidieron en anunciar que dejarán de exigir el uso
de mascarillas dentro de sus territorios, lo que implica naturalmente que además de la
calle, los estadios y los restaurantes, en los aviones ya no será necesario viajar con la boca
tapada durante horas.
Con ello se suman a una larga lista de países en América y Europa que ya habían eliminado
esta restricción y que en la práctica marca -simbólicamente, al menos- el fin de la
pandemia del COVID-19 tras largos dos años y medio. Un período en el que, primero, la
aviación debió quedarse completamente en tierra por primera vez en la historia, y luego la
experiencia de volar se convirtió en lo más parecido a una fábrica de torturas por las
numerosas imposiciones, reglas y normas que había que acatar para subirse a un avión.
Entre ellas, la de no sacarse los tapabocas en ningún momento excepto para comer.
El fin de las mascarillas dejará dudas en busca de respuestas.
La ciencia tendrá que analizar la correlación que pudo existir entre el uso imperativo de
los barbijos y el aumento de los casos de pasajeros disruptivos registrado desde 2020 en
todo el mundo. También la de cuánto ayudaron estos a evitar la propagación del virus
adentro de la cabina de los aviones, donde el 100% del aire es renovado en menos de
cinco minutos. Y cuál fue el daño causado al medio ambiente con los millones de
toneladas de estos adminículos esparcidos ahora por todo el mundo.
El adiós a las mascarillas también traerá múltiples alivios.
A los pasajeros, porque algunos tendrán menos espinillas y problemas en la piel; otros
olvidarán esa sensación de ahogo que los sofocaba; ya no será necesario adivinar cómo es
el rostro de quienes nos acompañan en un vuelo, y en definitiva todos volveremos a
respirar con normalidad.
A las aerolíneas, porque podrán recuperar el nivel de servicio a bordo que existía antes de
la pandemia, generando así una fuente de ingresos extra tan necesarios para superar la
debacle financiera que supuso el shut down aéreo global. Y a los aeropuertos, que podrán
hacer más expeditos los trámites de ingreso y salida de millones de personas en los cinco
continentes, a medida que nuevos países adopten la misma medida. Todos, estímulos
que, gracias a los encadenamientos productivos, permitirán impulsar la industria del
turismo, los viajes de negocios, los servicios asociados y miles de nuevos
emprendimientos, creando empleos y oportunidades que beneficiarán a millones de
personas.
Pero la ansiada caída del telón para los tapabocas implica, por sobre todo, una
responsabilidad.
La de mantener ciertas prácticas habituales de estos últimos años, como el lavado
frecuente de manos y el uso de alcohol gel y amonio cuaternario para mantener los
espacios desinfectados. También la de preservar normas de urbanidad (como taparse para
toser o estornudar y mantener cierta distancia social) como una práctica habitual para
mantener a raya la propagación del virus.
Después de todo, este seguirá coexistiendo con nosotros, muy probablemente para
siempre. Y lo que menos necesitamos es que vuelva a descontrolarse.

Escrito por:

Sergio Espinosa V.

Periodista chileno especializado en temas de aviación, ha trabajado en los más prestigiosos diarios y revistas de ese país. Aunque ha ocupado distintos puestos, su pasión siempre ha sido escribir sobre la industria aérea.

close

Suscríbete gratis al boletín de noticias

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *