El 28 de mayo de 1910, en Albany, Nueva York, todo estaba listo para un desafío que pondría a prueba los límites de la aviación. Glenn Hammond Curtiss, pionero estadounidense, afinaba los últimos detalles de su avión “Hudson Flyer”, preparando lo que sería el primer vuelo de larga distancia entre dos grandes ciudades de EE. UU.: Albany y Nueva York.
El objetivo: cubrir más de 250 km sobre el río Hudson y ganar los 10.000 dólares ofrecidos por el periódico New York World. Esa jornada, Curtiss y su equipo reforzaron el avión, instalaron flotadores y ajustaron el peso para cargar suficiente combustible. Era el día de las pruebas, los ajustes… y la expectativa.
Un día después, Curtiss voló durante casi tres horas y demostró que volar entre ciudades era posible. La historia lo recuerda por el 29, pero el 28 fue el día en que todo comenzó a despegar.