El país más feliz del mundo

La felicidad es un concepto diverso. Mientras para unos consiste en llevar una sonrisa en el rostro y sacarle chiste a la tragedia, para otros no necesariamente se acompaña de bromas ni sonrisas.

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Habiendo aterrizado en el aeropuerto de Helsinki, me dispuse a examinar los rostros de los finlandeses. Quería averiguar por qué este país es por sexto año consecutivo el más feliz del mundo, cuando la nieve, el frío y la oscuridad lo acompañan buena parte del año. ¿No es acaso la falta de luz natural una causante de depresión?, ¿no nos ilusionan las agencias de viajes con  paisajes tropicales? La respuesta para ambas preguntas es sí, sin embargo, las condiciones geográficas, climáticas o históricas no determinan que un pueblo sea feliz. Las condiciones de vida de sus habitantes, sí, y en eso Finlandia se lleva los galardones.

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Una chica española quien emigró hace varios años a Finlandia nos contaba a un grupo de turistas: “Aquí nunca estarás desamparado. Cuando quedé sin trabajo, el gobierno me dio subsidio de desempleo mientras encontraba uno nuevo. Tuve licencia de maternidad por tres años que pude compartir con mi pareja. Recibo dinero mensual por tener una hija. Cuando ella nació, el gobierno envió a casa una caja con todo lo que necesitaba para sus primeros meses de vida: ropa, pañales, juguetes, elementos de aseo, incluso un pequeño colchón para poner en el fondo de la caja, la cual hace las veces de cama. La escuela de mi hija, los alimentos que le dan durante la jornada y los libros que utiliza, no tienen ningún costo. Mi matrícula universitaria tampoco, y recibo un subsidio para ayudarme con los gastos personales”.
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El Informe Mundial de la Felicidad, publicación de una de las redes de Naciones Unidas, señala cada año cuál es el país más feliz del mundo. Se basa en encuestas realizadas a personas en más de 150 países. Los factores que posicionan a Finlandia como el ganador, y en general a sus vecinos nórdicos en los primeros lugares, son: esperanza de vida saludable, ingreso percápita, asistencia social, confianza en el gobierno, bajas tasas de corrupción y delincuencia, y el más importante: sentirse parte de una comunidad donde todos se cuidan.
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“Aquí nunca estarás desamparado” resuenan las palabras de la española en mi cabeza. Para los finlandeses, felicidad es sinónimo de bienestar, de protección, de amparo. Para ellos, la sociedad funciona como una unidad de cuidado donde el pensamiento colectivo prevalece sobre el individual. Aquí menciono una anécdota de mi último día de viaje. Me dirigía en un bus de Porvoo a Helsinki, dos ciudades a 50 kilómetros de distancia. Varios minutos después de ir manejando, el conductor paró en una de las estaciones de la carretera. Se levantó de su asiento y le indicó a la pasajera que iba detrás mío, una octogenaria anciana, que ésta era su parada. La mujer se mostró confundida porque no había nadie esperándola. Empezó a decir frases sin sentido con lo cual el conductor entendió que la anciana tenía problemas de memoria y era un riesgo dejarla desamparada en esa estación. El conductor llamó a la policía para que viniera por ella y ubicara a su familia. Entre tanto, todos los pasajeros aguardamos pacientemente los 40 minutos que el bus estuvo detenido esperando a la policía. Algunos debían llegar al aeropuerto a tomar un avión, sin embargo, nadie se quejó. Una finlandesa al lado de mi asiento me explicó lo que sucedía y cerró con esta frase: “todos tenemos que ayudar”.
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Sin que haya sociedades perfectas o una sola forma de hacer las cosas, Finlandia parece estar yendo por la senda correcta. En un país donde la educación es lo más importante (la educación finlandesa destaca como una de las mejores del mundo), donde los héroes nacionales son personas de las ciencias y las artes, donde la caja que le llega a los recién nacidos simboliza equidad y preocupación desde que el individuo nace, y donde los ciudadanos dicen sentirse protegidos por el Estado, es fácil entender el concepto de felicidad.
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Escrito por:
Patricia Bohórquez
Una colombiana que lleva la tercera parte de su vida viviendo en el exterior. Médica de profesión, mamá de ocupación, viajera por pasión y escritora por vocación. 
Fotografía original de la autora de este artículo.

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